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miércoles, 14 de marzo de 2012

Hablamientos incongruentes, o de ´como esta autora tiene antojos de una tortita de papa

Hoy sólo quiero hablar, sin decir nada coherente ni preocuparme por hilar bien mis ideas. No me interesa si alguien me escucha o si me confundo con el barullo de la ciudad, mi única intención es dejar fluir las ideas que tengo atoradas en la cabeza y que no salen de mi garganta. Hoy tengo ganas de confesarte que te quiero pero que sé que lo nuestro no va a poder ser, que te amo pero ya no tengo ni esperanzas ni deseos de estar a tu lado. Somos tan diferentes que ni siquiera podría existir química, aunque me gustes lo suficiente como para querer que seas el único. En fin, esas cosas pasan.

Esta noche sólo quiero perderme los primeros diez minutos de la telenovela para plasmar en un blog abandonado y jamás leído lo que muchas veces se mimetiza con mis silencios y mis terribles "no pasa nada". Me gustaría bailar a la luz de la luna mientras grito con todas mis fuerzas que sí pasan cosas, que me siento mal y que ya se me olvidó cómo es hablar si no tengo una hoja en blanco frente a mí.

Me gustaría gritar que algunas veces me siento un fracaso, que me presiono demasiado por ser esa persona a la que puedas querer pero en la que jamás te vas a fijar. Por eso mejor escribo sin sentido, para no contarte que amo mi trabajo pero que los últimos días del mes me tenso tanto que me dan ganas de llorar, que algunas veces pienso que los pies de los usuarios del tren ligero están pegados al plástico negro que sirve para amortiguar los pasos y que me da miedo que si me quedo quieta el tiempo suficiente yo también me quede unida a ese transporte. Y también que el otro día estuve sentada mucho tiempo mirando un elevador y me di cuenta de que lo más desagradable de los edificios modernos es que dejan las cosas al desnudo, les arrancan el misterio. Ese mismo día pensé que lo peor que le podría pasar a una relación es quedarse como ese edificio y que las personas que siempre dicen la verdad están vacías. Por eso creo que las relaciones más sinceras son las que tienen mayores probabilidades de fracaso. Claro, nada de esto podría saberlo porque nunca me he quedado pegada en el tren ligero ni he sido un edificio lleno de cristales ni tampoco creo en las relaciones totalmente honestas.

Muchas veces quiero hablar sin sentido, sin interesarme por si me escuchan o si me leen, pero termino hablando contigo sin que tú te des cuenta. ¿Por qué será que quiero que tú te enteres de que existo cuando ni siquiera sabes que te estoy hablando a ti en secreto, cuando platico con el aire y mis demonios? No tengo idea, sólo es una esperanza de ganar la guerra tras las miles de batallas perdidas. Porque ni tú sabes que te hablo a ti ni yo quiero que sepas, porque tal vez el concepto de ti que tenía antes se ha ido desdibujando con nuestra convivencia. Porque ya dejé de idealizarte hace mucho, pero tampoco me acerqué del todo a trazarte como eras.

Hay gente que irrumpe mis pensamientos, mi plática conmigo misma y contigo, que mete ruido en esas ideas gaseosas y amorfas que se van haciendo sólidas conforme las tecleo. Ni siquiera sé que voy a escribir, pero seguramente ya nadie está leyendo... ¡Qué más da! Este post es mío y no tengo ganas ni de arreglarlo ni de compartirlo con nadie (más que contigo, pero tú no sabes que eres tú y yo ya tampoco estoy segura de que seas tú a quien le hablo)...

El otro día escuché una frase bonita. No me acuerdo cuál era, pero sí que me gustó y que sonaba bien... Últimamente eso me ocurre mucho, ¿sabes? Recordar que algo pasó pero no poder precisar bien qué. Creo que debería ir al doctor, pero me da miedo que me encuentre algo raro, una enfermedad que me vaya a hacer explotar dentro de unos días o que me declare incapaz para vivir. Sé que eso no va a pasar, pero igual me da miedo.

Algunas veces no puedo decir bien lo que pienso y otras muchas digo son pensar bien. Y es raro porque en ese momento creo que sí estoy haciendo las cosas de manera coherente y me encuentro con que no. ¿Será el cansancio? O a lo mejor es que con tantas cosas que tengo en la cabeza ya me estoy volviendo loca, que todas mis palabras y mis silencios se confunden entre ellos y dicen cosas que no vienen a cuento. Todo se puede, porque algunas veces pasan cosas raras...

Raras como que ahorita estoy escribiendo sin sentido para mi blog, ése que nadie lee de verdad sino para quedar bien conmigo, el que no tiene futuro y no me va a dar nunca dinero porque... pues porque no. Ésa es otra, ya me di cuenta que me aterra no vivir bien, quedarme sin dinero y ser pobre. Ser pobre siempre me ha dado miedo, por eso llevo semanas pensando en casarme y dejar que alguien se haga cargo de mi seguridad económica. Sé que es una tontería, que las cosas no están como para eso y que no estoy estudiando para luego casarme y dejar todo en un cajón. Pero lo pienso. Y eso me da miedo. Es que en el pensamiento nace todo, como esta idea de ponerme a hablarle al espacio y esperar que alguien descubra qué es lo que está mal conmigo o que decida simplemente cerrar esta página para nunca más volver.

Pero no me importa, sólo quería hablar, quería que tú me leyeras porque de otra manera mi voz es demasiado alta y te molesta. Siempre dices que te grito y yo no me doy cuenta... También quería hablar conmigo, sacar de mi cabeza todas las tonterías que tengo guardadas y que me afectan. Quiero liberarme de todo, por eso no escribo para ti sino para que, con suerte, en algún momento me leas... O sólo para leerme yo en otro momento y decir "¿Cómo fui capaz de publicar esto?" y al final de este post me dé cuenta de que lo hice porque ya no me importa lo que pase, que me vale un reverendo cacahuate. Por eso ni chequé la ortografía (y seguro que me voy a agobiar por eso después), porque ya me aburrí de querer ser perfecta... y porque la ventana de mi cuarto está abierta y me está dando frío en los pies. Además, ya me perdí la mitad de la novela, pero ¿qué importa? Llevo muchas palabras para decir nada. Y eso era justo lo que necesitaba: hablar mucho sólo para borrar las palabras de mi cabeza, para quedar más clara y entender que no importa cuánto diga, al final ni cuenta nos vamos a dar. Porque ni tú sabes quién soy ni yo sé quien eres tú. Porque a lo mejor los dos somos yo... o los dos no somos nadie y por eso no decimos nada, pero escribimos mucho como para cansarnos y dejar de pensar.



viernes, 26 de agosto de 2011

Bullying

Cuando yo tenía tres o cuatro años, asistía a mi escuela una niña algo desequilibrada. Tenía un leve retraso mental, problemas en su familia y era despiadadamente fea, casi como para matarla con cloroformo. Por supuesto, a mi corta edad nada de eso me habría importado si no fuese porque, de buenas a primeras, un día decidió que sería interesante empezar a hostigarme.

Yo, de pequeña (porque no se me quedó el hábito), era bastante retraída y timorata. No me relacionaba fácil con la gente y mi madre siempre me crió con los principios de "No le pegues a nadie, sé cordial y trata a todos con respeto", así que no tenía idea sobre cómo defenderme de mi agresora. De hecho, era tan tímida que ni siquiera me atrevía a contarle a nadie que esa pequeña terrorista de preescolar me hacía la vida imposible.

La primera vez me tiró del cabello, la segunda me golpeó, la tercera me hizo algo igualmente horrible y me agarró de cliente. Así, sin que yo supiera cómo, estaba lidiando con una niña desatendida, con problemas psicológicos y sin la mínima pizca de respeto por el entorno, por sus compañeros, por mí o incluso por su madre (llegué a ver cómo golpeaba y pateaba a la señora sin que ésta hiciese nada por impedirlo).

Hoy en día, el trato que recibí sería llamado bullying, pero en la década de los 90 era "fue un accidente", era un "ella no quiso", era un "le voy a decir algo"(que nunca le decían, por cierto) y era un "perdónala, es que lleva una vida complicada, pero irá con la psicóloga". Es decir, la niña era solapada por las maestras, que siempre tienen una morbosa compulsión por proteger a las personas neuronalmente desfavorecidas y con situaciones familiares incómodas, mientras que a mí me hacían la vida de cuadros.

Un día mi mamá se enteró por otra mamá de mi situación y, tras una cantaleta interminable de "¿Por qué no me dijiste nada?" a la que yo no le respondí nunca (¿cómo le iba a decir que mi agresora me tenía totalmente aterrada?), me dijo "¿Recuerdas lo que te he dicho sobre no golpear a la gente? Olvídalo. Si alguien te pega, pégale de regreso y si te preguntan el motivo di: porque mi mamá me dijo."

Yo tenía mis reservas sobre esos métodos, finalmente había sido criada como una señorita y quería que las maestras hicieran su trabajo. Tuve un conflicto interno durante algún tiempo, pero un día, cuando la niña me tiró del cabello (o algo así), solté el primer puñetazo liberador, la tiré al suelo y le di una patada digna de futbolista.

En ese momento, automáticamente, recuperé la sensación de fortaleza y mi autoestima. Dejé de ser la víctima indefensa y suscrita a los intereses de una abusiva para convertirme en una persona que se sabe capaz de reclamar sus derechos (por la buena o por la mala). A partir de ese día, la niña no me volvió a molestar ni a dirigir la palabra, y poco tiempo después se marchó de la escuela por motivos familiares.

Así es como pude, después de ser atemorizada por un año o dos, vivir una infancia sin sobresaltos. (Y agarré cierto gusto a golpear gente y a aplicar la ley de Talión, si soy sincera)

En fin, ¿por qué de pronto conté esta enternecedora historia de superación digna de algún libro de consejos parentales? Porque puedo ver cómo a gran escala el patrón se repite en el país.

A mí me tiraron del cabello, en Monterrey y en Morelia tiran granadas.

A mí me patearon, en Torreón hubo un enfrentamiento armado afuera de un estadio.

A mí me agredieron verbalmente, en Chihuahua, Guerrero y Tamaulipas matan a la gente, le cortan la cabeza y la entierran en el desierto en alguna fosa común.

Yo intenté ir con las autoridades para que me protegieran, a Marisela Escobedo la mataron por el activismo y la PGR tan campante.

Yo era la agredida y las maestras solapaban la conducta de una retrasada mental, las policías y los gobiernos estatales se hacen pendejos con los narcotraficantes. Alejandro Encinas metió al hermano de un narcotraficante y le dio fuero en el Congreso de la Unión.

A mí nadie me defendió y me hicieron creer que yo era el problema, a dos alumnos del Tec de Monterrey les sembraron pruebas y los acusaron de sicarios.

Yo esperaba para que la situación terminara por sí sola, los católicos juntan las manos y le rezan a la virgen y a las reliquias de Juan Pablo II. Los tuiteros le rezan a una deidad que aborrece las redes sociales.

Yo me cansé y decidí recuperar el control, ¿México cuando? Porque es claro que ni Sicilia con sus marchas silenciosas, ni el gobierno con su terrible estrategia, ni la milicia mexicana especialista en rescate que hace las veces de la policía, ni la PGR y los políticos que encubren criminales y maquillan los crímenes ni mucho menos los narcotraficantes que ya se sienten los dueños de nuestro país y nuestras vidas, van a hacer algo al respecto.

Así que la pregunta que queda en el aire es: ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que somos más de 100millones los mexicanos que estamos hasta la madre y ya no queremos vivir con miedo por 10,000 sujetos con sed de poder? ¿Cuándo vamos a hacer algo aparte de rezar y condenar los actos terroristas vía Twitter?

Porque va a llegar un momento en el que ya no podamos quedarnos de brazos cruzados, porque ya estamos francamente hasta la madre.


lunes, 6 de junio de 2011

Quererte

Quererte es el error que más me gusta cometer.

Me he enamorado perdidamente de la idea de ti, que busca refugio en un cuerpo que parece tuyo pero que jamás llega serlo. He entregado mi corazón a un fantasma que juega a ser persona sin materia, que se limita a acompasar los latidos de mi corazón con ilusiones burdas de un cuento feliz. Y no me importa, es más, me enorgullezco de ello.

He manchado tu recuerdo con ensalzadas virtudes que amenazan con sofocar tus encantadores defectos. Por eso las borro y procuro que no quede rastro de esas cosas maravillosas que me enervan y me maravillan, de otro modo corro el riesgo de quererte como pensamiento y no como el ser humano que eres. Prefiero pensar en tus fallos, que me parecen más adorables y dignos de mención, en tus manías y en los vicios que no necesariamente compartimos, pero que nos complementan en una forma incomprensible y hasta incongruente para ojos ajenos a los míos.

Te quiero porque sé que, incluso en mi cabeza, seríamos la peor pareja posible—tú tan tú y yo tan yo—, pero encontraríamos el justo medio y podríamos llegar a funcionar. Te quiero, también, porque eres la idea de una persona real, porque eres quien le da fuerza a mis pasiones más secretas. Sin embargo, te odio porque no eres el original, con quien quiero compartir los momentos importantes de la vida y crear juntos el puente para un destino de dos.

Te quiero y te detesto por ser el intento fallido de una equivocación, que me convence al mismo tiempo que lo es y que no lo es; por ser un error equivocado que pretende ser un acierto encubierto. Por confundirme. Por tus defectos que me embrujan y que me hacen pensarte cada día más, pero sin llegar a ser el ídolo inexistente al que le rindo un culto ciego.

Te quiero y no te quiero como un ejercicio diario. Quiero no quererte, pero por ningún motivo deseo dejar de hacerlo. Por primera vez no siento que sin ti dejaría de ser yo, no me haces falta. No eres una necesidad, ni un vicio ni una obsesión, sino esa adorable y defectible ilusión que se transforma constantemente en ti mismo y que al mismo tiempo se mantiene eternamente siendo tú.

Y tú, tú nunca serías un error para mí.


lunes, 4 de abril de 2011

Escribir

No puedo escribir.

Los dedos se me caen a pedazos cada vez que intento juntar las letras de mis pensamientos, y, una vez que los he cosido de nuevo a mis brazos, las ideas se han ido apagando una a una hasta dejarme en completa oscuridad. Es, tal vez, mi musa la que huye a refugiarse en los bosques de las ninfas. Huye de mí, de las banalidades que trazo con unos dedos lisiados y una cabeza llena de focos fundidos. No la puedo culpar.

El no escribir se traduce en una sensación de impotencia, de frustración acumulada y de una raquítica necesidad de gritar las cosas que no logro plasmar en papel. Seguramente es la misma tragedia que experimenta el hombre que recientemente descubre su disfunción eréctil, la vergüenza de no dar el máximo, no por no querer sino por no poder. Con la clara desventaja de que para escribir nadie nos entrega una caja de pastillitas azules (vamos, que ni un placebo), y tenemos que vivir con la insatisfacción propia de quien se ve al espejo y encuentra que sus capacidades han sido mermadas.

Distinto, aunque igualmente grave, es el problema de que quien escribe, pero no desea hacerlo. Cual mujer insatisfecha, la pluma que sólo recorre el papel por hábito, se encuentra a sí misma desprovista de pasión, emanando el pútrido aroma del vicio y la costumbre. Desprovista del buen amante, sin aquel frescor de la novedad, no escribe más que por la rutina y por la necesidad de complacer a la mano o al papel, pero no a ella misma. Añora cada día a la imaginación, su mejor amante, que se ha ido quizás para no volver. Traza torpemente, a la espera de acabar y encontrarse con el más espectacular trabajo, que jamás pasa de ser un breve atisbo de su inmensa mediocridad.

Quien sabe escribir hace el amor con la mano y la cabeza, trazando letras impregnadas de pasión. En cambio, los que no tenemos la menor idea, intentamos que nuestra cabeza impotente copule con nuestra pluma frígida. O bien, nos dedicamos a hacer entradas de blog comentando nuestra patética situación.

sábado, 12 de marzo de 2011

Políticamente incorrecto

Estimada persona aburrida que ciber-transita por este blog: Esta entrada es de mal gusto. Muy mal gusto. Tanto que casi me hace odiarme por ser una persona que tiene arrebatos irreprimibles de humor negro. Sólo casi. Pero, como su título indica, esto es tan políticamente incorrecto como se puede, y no persigue más fin que vomitar veneno. La autora pide paciencia, amor y les pide que guarden su repudio... De la misma manera, promete empezar a morderse la lengua y a medicarse con tres pastillas de pudor y pertinencia al día.

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La noche del 10 de marzo de 2011 me encontraba embebida por páginas de periódico, tijeras y cafeína, al borde de la locura por no poder terminar una tarea que hacía resurgir mis demonios internos. Me invadía la congoja, tenía sueño y no paraba de entonar una canción sobre cacahuates. En pocas palabras, no me encontraba en el mejor estado mental. Mi universo privado, descompuesto y famélico de cordura cuando supe que en Japón había habido un terremoto y, posteriormente, un tsunami.

Quizás se debía a mi privación de sueño o a mi espíritu de filósofo en progreso, pero no pude evitar hacer ciertas consideraciones, que maduraron hoy dentro de mí y ahora deseo compartir con aquellas personas que tengan la imperiosa necesidad de malgastar su tiempo:

Primero tengo que decir lo que es obvio: Los mayas están jugando con nuestra mente antes de dar el golpe contundente en el apocalíptico 2012. O eso o las cuentas no les salen tan bien como nos hicieron creer, porque existe mucha alharaca con toda la idea del "fin del mundo", pero desde el año pasado estamos de simulacro en simulacro, mientras ellos ríen y nos envían señales de que estamos en la antesala de la muerte. Les vendría bastante bien uno de los calendarios de las azafatas de Mexicana, que también sienten que se les viene el fin del mundo (aunque por motivos más económicos que cósmicos), y así se dan cuenta que todavía les falta un año para hacer su entrada triunfal. Aunque, si no saben leer números arábigos tenemos un serio problema.

Me pregunto si en este caso Bruce Willis, Sylvester Stallone, el Gobernator o algún otro macho de músculos crecidos y ropa desgastada nos va a rescatar. O, mejor aún, si se cumple la profecía Marvel y aparece un superhéroe precolombino, sin miedo a nada y capaz de hacer la danza de la lluvia (en el norte se lo agradecerían). Ansío ver qué ocurrirá.

Pero, volviendo al país del sol naciente y de gente que tiene mirada de maldad infinita:

Una de mis teorías más fuertes sobre el origen del terremoto es que Dios está coludido con el Departamento de Seguridad de Estados Unidos y su verdadero objetivo era Cuba. Claro, falta que nuestro casi-albino Julian Assange nos corrobore la información con un cable de Wikileaks. De ser real, esto haría evidente algo de extrema importancia: A Dios no se le da muy bien la geografía, tanto, que se vería obligado a admitir en cierto programa pagado por el Sindicato de Trabajadores de la Educación que "un niño de primaria sabe más que él".

Mi segunda teoría involucra a Cthulu despertando de su sueño en R'lyeh, cosa que compagina con el hecho de que ahora el zodiaco cuenta también con una constelación reptante llamada Ofiuco. Es más que obvio que las estrellas están en posición para practicar el rito para tener a nuestro nuevo mesías con cabeza de molusco. Esto sólo puede suponer una tragedia para Chávez y AMLO, que están peleándose el título desde hace años ya. ¡Oops!

Y, finalmente, hablando de orígenes, la otra causa que veo factible involucra El origen de las especies. Aunque he de admitir que de las tres, esta es la que menos probable me parece: Si la Madre Naturaleza hubiese querido liberar al mundo de la sobrepoblación, habría generado el terremoto unos cientos de kilómetros más a la izquierda... Eso habría sido una caída para las maquilas, pero un gran paso para la humanidad.

Estas tres teorías sólo me llevan a una conjetura posible: Japón está mal puesto. Será por eso que el mundo lo recorrió 2.4 metros de su lugar original... Pasito a pasito la Tierra planea reubicarlo en un lugar donde estorbe menos. Cerca de Siberia, podría ser...

Pero, lo más importante es los efectos de este mal posicionamiento geográfico tiene.

El temblor, en principio, ha sido uno de los seísmos (amé esa palabra) más fuertes de los que se tiene registro. Supera al terremoto de la Ciudad de México, según el tal Richter, que tiene la mala fortuna de estar presente en todos los movimientos telúricos. Tan está acostumbrado que ya tiene su ranking... Por fortuna aquello no generó un problema de magna importancia. Sí, se cayó el florero de la abuela y la repisa que tenía incienso, se les desordenaron los papeles y algún optimista gritó "¡¡Vamos a morirnos todos!!" mientras corría como pollo por la habitación, pero nada más. Afortunadamente, a los nipones les tiembla tan seguido que ya perdieron el factor sorpresa. Sus construcciones están hechas con, lo que yo supongo, es la tela de la araña sobre la que 147984 elefantes se columpiaban, porque es resistente y (según dictan las nuevas tendencias) ecológicamente amigable. Eso redujo muchísimo el número de víctimas potenciales...

El problema vino después del temblor y de sus copy-pastes de menor escala, porque sacudieron el suelo marino y tuvieron un tsunami. ¿Se imaginan si Astroboy o las EVAs se mojaron en el proceso? Puff... y peor tantito, ¿pueden imaginar la cantidad de artistas "involucrados en causas humanitarias" que dijeron algo al respecto? Eso sí que es una desgracia. Para ilustrarlo, pongo el ejemplo de Dulce María, una filósofa posmoderna con aires de trovadora y romántica empedernida (que se graduó de una banda de gran prestigio llamada RBD): "como un tsunami en Japón, puede hacer que tus olas revuelquen el maldito corazón" El que creía que los haikus eran arte no conocía a este prometedor talento mexicano...

Pero, hasta eso, tener a todo Tokio apestando a mariscos no es tan trágico como el hecho de que su planta nuclear se derritiera como chocolate en un día soleado. Habían desalojado a la gente y declarado emergencia, sí, pero "afortunadamente" lo "tenían todo bajo control". Así son los japoneses, se empeñan en hacerlo todo bien y de manera meticulosa y no dicen si tienen complicaciones hasta que es demasiado tarde. Ellos muy mal.

Recién hoy, decidieron hacer una representación de Hiroshima y Nagasaki (patrocinado por Fukushima Productions). Y tienen a todo el mundo en ascuas, ¿de ahí saldrá la siguiente generación de pokemon? De cualquier modo, la Licenciatura en Entrenamiento Pokemon empezará a impartirse en universidades de prestigio a partir de Agosto 2011... Eso es tener espíritu emprendedor.

En resumen, la situación en el país de de la bandera bicolor las cosas están progresivamente empeorando, mientras el resto del mundo observa desde las pantallas en espera del ataque de Godzilla. Si he de ser sincera, yo esperaba que mi indiscutible ídolo de la infancia, Goku reviviera para salvarlos a todos, pero buscar las esferas del dragón toman tiempo. Y en eso ni San Google nos asiste... Pero, meh, como en película de Hollywood, los estadounidenses llegaron a salvar el día (bajo la dirección de Steven Spielberg). Mucho menos emocionante y más cliché... pero con excelentes efectos especiales.

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Reflexión final: La autora pide paciencia y alega locura temporal (aunque no sea cierto). Asimismo, rectifica que es capaz de tener pensamientos y discusiones serias, no sólo estos abortos de humor negro.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Juramento

Muestrate sin miedo ante el rostro de tus enemigos.
Sé valiente y recta, que Dios te amará.
Habla la verdad siempre, aun si te llevará a la muerte.
Salvaguarda a los que no no pueden por sí mismos y
No hagas mal.


Ése es el juramento personal por el que encomendaré mi vida. No lo creé yo, pero la persona que me inspiró a comprometerme con esto es una de las más valiosas y queridas para mí. Así que, con esta nueva medida en mi vida, juraré ser fiel a mí misma.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Aléjate

No te me acerques, que tu tacto me quema la piel.

No me hables, tus palabras perforan mis oídos hasta envenenar mi corazón.

No me veas, porque es entonces cuando se torna más insoportable la realidad y se me estruja el corazón.

No existas, tal vez entonces te vuelvas un sueño.

Detesto recordarte, entender que no hay en ti nada malo ni que yo te orillé a esta determinación. Procuro olvidar todos y cada uno de los momentos a tu lado, no me creo preparado para lidiar con tantas maravillas, con el recuerdo de un amor que prometimos que duraría pero murió sin siquiera darnos la posibilidad de guardarle luto. Se esfumó como una pompa de jabón.

Me dueles, con la vida y con todo mi ser. Me dueles hasta llevarme a la locura, hasta hacerme desear no sentir nada, creerte un sueño y pensar en hacerte desaparecer. Pero no puedo porque te llevo en el pecho, clavado en lo más hondo y vital de mi pútrido corazón, como un inquilino moroso al que no puedo ni podré sacar.

¡Maldito seas por permitirme amarte, sin saber si tú lograrías sentir lo mismo! Jugaste conmigo, con ese pobre e iluso clavo que debía sacar a otro. Porque tú lo único que deseabas era alejar de ti el fantasma de aquel amor malsano, de esa persona que demostró poderte lastimar como tú ahora me hieres a mí. Y, tal vez— sólo tal vez—yo lo supe desde siempre pero no lo quería asimilar. Prefería vivir en un mundo de ilusiones, donde todo era rosa y yo podía tomarte de la mano con la esperanza de que los días se sucedieran hasta llevarnos al final de nuestras vidas juntos. Eso era lo más cómodo, lo deseable, el único camino por el que esperaba poder transitar en busca de la felicidad.

Pero, para ti no fue así.

Optaste por irte, por tirar esos castillos que construimos con cartas de baraja, demostrando que no crees en el azar ni en el destino ni en ninguna de las cosas que me hiciste pensar que existían. Pero ni siquiera fui capaz de odiarte por ello. Eso es lo que más duele, lo que más atenta contra mi frágil integridad.

No te odio, ni creo llegar nunca a odiarte. He ahí el problema más importante. Hasta el seguir adelante me lo has vuelto complicado, y el olvidarte se me antoja una tarea imposible. Te llevo dentro y te sigo amando con todo el fervor y toda la intensidad de mi ser. Sigo pensando que tú eres quien la persona indicada para mí, pero que no es el momento indicado para nosotros. Que debo aprender algo de todo esto, que debo habituarme a vivir sin ti durante mucho tiempo… o tal vez por siempre. No lo sé.

Pero por hoy, tan sólo por hoy permíteme seguir adelante. No quiero aferrarme a ti para hundirme en el tiempo pasado, ni tampoco deseo que seas mi ancla hacia el presente. Sólo quiero que sepas que no te odio, pero que tampoco pienso perdonarte. No hay nada qué perdonar.

Te amo, así como eres, sin embargo no me haces bien. No eres lo que quiero ni lo que busco en este momento… pese a que te he buscado toda mi vida y quiero compartir lo que soy contigo.

Elegí entregarme a ti, y no me parece que fuese un desacierto. Sólo que ya no es nuestro tiempo y no tolero estar junto a ti. Me haces necesitarte cuando quiero dejar de hacerlo. Amarte cuando deseo hacerte a un lado y permitirle a otros amores albergarse en mí.

Anhelo volver a vivir y enamorarme de la vida. No seas egoísta y dame permiso.

Aléjate de mí y permíteme volver a ser yo…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Renacimiento

Tuve miedo antes, me aterró la vejez, la perspectiva de la muerte el miedo mismo que me hace un nudo en la garganta. Pero ayer hice las paces conmigo y hoy tengo la fuerza y la madurez suficiente como para emprender este nuevo sendero de la vida.

Siempre es un buen día para elegir hacer las cosas bien, para enmendar errores, para estar en paz contigo misma aunque el mundo no esté en comunión con tus ideales. Cada día es el día perfecto para sonreír, para bailar, para reír y para decidirte a ser feliz o un poco más sabio. El presente es cuando puedes aprender algo nuevo, aprender de tu pasado y separarte de él para poder abrazar al futuro. Pero hoy, en especial el día de hoy, es el mejor día para vivir.

He decidido no seguir cargando con las maletas de mis frustraciones, cortar de tajo todo lo que me ata al pasado, al nosotros, a ti... Seré una mujer nueva, que no te olvidará pero aprenderá a estar sin ti. Una persona totalmente capaz de amar, de sentir, de experimentar y de nunca arrepentirse. Por eso hoy te digo adiós. Fuiste importante, te quise, te amé...te amo, pero me amo más a mí. Soy mi prioridad y como tal sé cuándo eliminar el equipaje de más. No te pido perdón, porque no lo amerita. Tú tomaste tus decisiones y sé que me dejarás a mí tomar las mías, sin recelos ni jueguitos tontos. La decisión que toman dos amantes que se separan al nacer la mañana, en ese momento de oscuridad total, justo el que precede a un nuevo amanecer, a un nuevo día con oportunidades para vivir.

Así que, adiós...por el momento no te necesito, ni te quiero a mi lado. Seré una persona nueva que recuerda y saluda al pasado por el otro lado del cristal. Tú no estás invitado a venir.

En los renacimientos, haces de ti una mejor persona, como el fénix que renace de sus cenizas y se perfecciona. Es por eso que hoy yo elijo renacer, ser nueva, ser mejor, ser más libre, más pasional y más racional. Vivir en la contradicción que realmente es una afirmación, gritar y susurrar igual que siempre, bailar y mojarme en la lluvia, cantar donde todos callan y sonreír en los momentos de más lágrimas. Así he vivido siempre, mejorándome, siendo el mejor proyecto de persona que puedo ser... porque es lo único que puedo hacer.

He vivido lo mejor que puedo, he amado, he llorado, he sufrido, he dejado y sido dejada, he cambiado, aprendido, madurado, reído, corrido, saltado, bailado, actuado, pintado, contado, leído, estado y sido lo más apta que puedo para sobrevivir en la vida que yo elegí. Soy quien elijo ser, viviendo la vida que elijo vivir. No me arrepiento de nada, sé agradecer la enseñanza y siempre me divierto en este camino de la vida.

Por eso hoy es un día paradógico y contradictorio. Es un día de adioses y de nuevos inicios.

¡Feliz cumpleaños a mí!

sábado, 24 de julio de 2010

Me gustas sin nombre

Dicen por ahí que las relaciones son complicadas, pero ¿de verdad lo son? No dudo que tengan altibajos, como todas las cosas, o "rachas" buenas y malas. Eso es normal, finalmente todos somos humanos. Sin embargo, creo que existe un factor que complica más las cosas: nuestra afición casi patológica por nombrar las cosas.

Anteriormente, se le daba nombre a las cosas para dejarles de tener miedo. Es por eso que el rayo se llama rayo, que los lobos se llaman lobos y que el amor se llama amor. Simplemente, cuando podemos meter en una categoría las cosas y darles un nombre, dejamos de tener miedo de ellas y creemos, erróneamente, que conocemos las sensaciones. Pero, ¿qué insulso puede describir una emoción? Y no, no me refiero a las comparaciones. Son cosas que se sienten, o cosas que nosotros sabemos gracias a nuestro conocimiento previo de mundo. Entendemos cuando alguien está enojado, cuando está triste, cuando está enamorado... pero no porque un libro nos diga "estás enojado cuando te sientes así y así". Y, si semejante libro existiera, sería una reverenda porquería.

¿A qué va todo esto? Necesito encontrar las palabras para expresar lo que no se puede decir. Por lo menos no con un alfabeto y varias sílabas. Necesito palabras para instarlos a saber lo que no es nominable. Pero no es fácil, porque incluso cuando digo "nada" estoy haciéndola "algo".

Querer es... querer. De esas cosas que sabes. No necesitas preguntarle a nadie si lo quieres (a lo más, te lo preguntas a ti misma), ni saber cómo lo quieres. Yo, por ejemplo, quiero a alguien, pero no lo quiero como amigo, ni como novio (no lo somos), ni como amigovio, ni como nada similar. Lo quiero. Mucho. Diferente. Sin nombre.

Y no necesito ponerle una definición, ni meterlo en una cajita. Lo quiero porque es él, porque significa cosas para mí, porque me gusta cómo piensa, porque me atrae... pero no lo quiero de la misma manera que quiero a, ni lo quiero como... No. Lo quiero. Así, innombrable, único y diferente. Y, con que yo lo sepa basta.

No nos mintamos a nosotros mismos, querer es. Y ya. Tan misterioso como conocido, tan hablado como poco entendido. Querer es único, es especial, es individual, es reflexivo y es innombrable. Por lo mismo, procuremos no frustrarnos por nuestra necesidad de comparar con otros amores y con otros queridos.

Les regalo una última frase, que quizás se entienda más con lo que acabo de explicar.

Me gustas porque no tienes nombre. Cuando lo tengas, quizás ya no me gustes como ahora porque no serás tan libre, sino que te ataré a las cadenas de mi propia cárcel. Ya no serás tan tú; serás "como él".

miércoles, 21 de julio de 2010

Carajo

Publicado por primera vez el 5 de junio de 2010 en Pensamientos en Blanco y Negro.

Idem.

Rara

Publicado por primera vez el 12 de febrero de 2010 en Pensamientos en Blanco y Negro

Me siento rara cuando tú no estás.

Casi como si fuese una inútil muñeca de porcelana que ha sido dejada a su merced a manos de un niño pequeño. Casi como un diente de león que sólo debe ser soplado para quebrarse y dispararse hacia el aire, donde sólo soy los retazos de mi yo original.

Odio que no estés porque ya no tengo un lugar en el cual guarecerme cuando el mundo se vuelve un lugar insoportable para estar. Y porque no puedo ver las cosas desde el caleidoscopio que me das para tornarlas a mi gusto.

Me fastidia que no estés porque me siento rara. Porque no me siento enteramente yo… y todo porque me faltas tú.

Mierda

Publicado por primera vez el 5 de febrero de 2010 en Pensamientos en Blanco y Negro


Y, es que la mierda… la mierda simplemente te cae encima.

Es como si siempre que te esfuerzas en atisbar la luz al final del túnel, el culo del destino te saludara con una lluvia de mierda. Y no puedes hacer nada por cambiar esa situación, porque tú estás abajo, subordinado a cualquier clase de porquerías que aquel enorme culo te quiera lanzar. Sí… Así es.

Pero, no hay más remedio porque la mierda…la mierda simplemente te cae encima.


Doce

Publicado por primera vez el 30 de enero de 2010 en Pensamientos en Blanco y Negro

Doce uvas.

Doce ilusiones que son masticadas antes siquiera de ver la luz de su efímera existencia.

Doce promesas que sabemos que no vamos a cumplir.

Doce campanadas que no anuncian el tiempo que llega, sino el que se ha ido para no volver.

Doce, siempre doce. Un número patológicamente maldito.

lunes, 22 de marzo de 2010

¿Por qué orgasmos?

El título de este espacio podría resultar controversial para los más conservadores. Quizás, pueda también generar morbo entre los más adoctrinados en las prácticas sexuales alternativas. Depende total y completamente del lector; yo soy sólo una autora atormentada por sus propios pensamientos y que busca generar en ustedes orgasmos y antiorgasmos. Tal vez lo logre o tal vez no... Pero qué más da. Siempre pueden cerrar la página con el curioso botón rojo del borde superior.

La idea de que este espacio ostentara el nombre de una de las sensaciones más esperadas y placenteras para el hombre va, precisamente, porque la literatura también es capaz de generar el morbo y el orgasmo. Quizás mejor incluso que el repetitivo movimiento efectuado, por la complejidad con la que las palabras poco a poco se van hilando en nuestras consciencias, llevándonos a reflejar sensaciones que parecían innombrables. Porque los orgasmos se leen y se sienten con plumas que eyacularon en papel, con abyectas ideas esparcidas sobre las blanquecinas notas de un espacio en la web.

No con esto, y que quede claro desde el principio, quiero que este espacio sea erótico. Nada más alejado de mi concepción. Quiero presentar aquí mis pensamientos eyaculados durante los orgásmicos momentos en que me dedico a escribir. Quizás algunas sean historias originales nacidas en momentos de ocio y algunos otros comentarios sobre lo que tengo escrito en la red en el campo del Fanfiction. Tal vez uno que otro drabble ocasional diseñado específicamente para este espacio... Ni yo tengo manera de conocer esa información, que se me antoja tan imprecisa como perniciosa. Porque, al igual que el momento del clímax, todo se presenta difuso y desdibujado de su propia realidad.

Sin más, los invito a tener orgasmos, aquí y en todos los aspectos de su vida. Orgasmeen, hagan orgasmear y orgasmicemos el mundo. Leamos y escribamos orgasmos, que la vida no es más que una sesión de sexo donde tenemos que disfrutar de cada segundo.